REGRESIÓN A LA INFANCIA

Estaban guardados dentro de un tambor de detergente vacío, del cual no me acuerdo su nombre pero no importa. Esa era su guarida, su refugio, su lugar de descanso. Iban conmigo a todas partes, del chalet a mi casa de Valencia y viceversa, el caso era no abandonarlos. Eran muñecos de goma, pero para mí eran mucho más que eso, eran mis amigos, mis compañeros, mis aliados. Con ellos construía aventuras inolvidables, incluso partidos de fútbol y de Baloncesto. Era una época genial, los problemas de la vida real no existían aunque estaban más cerca de lo que yo por entonces creía, y lo más real que tenía era el colegio, el cual siempre fue una época que me trajo y me trae muy buenos recuerdos, aunque cada vez sean más difusos. ¿Cuántos años fueron en el colegio Balmes? ¿Siete, Ocho? No me acuerdo exactamente. Y de tanto tiempo que pase allí, casi un tercio de lo que tengo de vida actual y tan solo me vienen a la cabeza pequeños flashbacks. Pero por entonces mi mundo, donde yo verdaderamente disfrutaba y era empedernidamente feliz, fueron los momentos en los cuales llegaba a mi casa y podía abrir ese tambor de detergente y sacaba mis muñecos uno a uno para crear mis mundos, para materializar de alguna forma mi imaginación, mis lugares mágicos con ellos. Yo decidía lo que pasaba, yo creaba las historias, y nunca, nunca moría nadie. Aun me acuerdo de ellos, ahí estaban las cuatro tortugas ninja, algunos seres del mundo Disney como Mickey, Pluto, Asterix que era mi Woody particular. Obelix, algunos héroes de la Marvel y de DC. También había chicas, Blancanieves pero sin enanitos, las chicas de Dragones y Mazmorras, y también ellos. Y por supuesto el grupo de malos que lo encabezaba Mazinger Z, y sus grandes rivalidades contra Asterix el cual encabezaba mi grupo de héroes y heroínas. Fueron unos años felices, y los cuales mucho, mucho tiempo después vuelvo a recordar. Hasta que llego el día en que todo se termino. Nunca lo podré olvidar. Estaba junto a mis padres y hermana trasladando las cosas que nos llevaríamos al chalet para pasar unos días, y en el proceso de bajarlas por el ascensor hasta el garaje donde se encontraba el coche (algo que habíamos hecho con anterioridad miles de veces) aun no se como en uno de esos viajes los muñecos de goma que se encontraban dentro del tambor de detergente se quedaron encerrados y olvidados en el ascensor y nunca más los volví a ver. Fue muy tarde cuando me di cuenta de que no los llevaba conmigo y nada más pude hacer por ellos, siempre pensé que quien se los quedará, supongo que algún vecino, los hiciera tan felices como creo que yo les hice a ellos. Ese día fue el primer día donde la realidad me enseño sus afiladas uñas, y que cruel puede resultar a veces.

Quizás os preguntaréis cuál es la razón que me ha llevado a escribir este post, el motivo es Toy Story 3, y su final. Un final que llega inevitablemente ahondar dentro de nosotros, y a que suframos una feliz regresión a la infancia, y nos inunden recuerdos inolvidables. Porque todos tuvimos nuestro Woody, y a todos también nos llego la hora de decirles adiós, porque nos gustará o no nos gustará nos teníamos que hacer mayores, y eso implicaba los primeros sacrificios de muchos que luego a lo largo de la vida hay que tomar, porque aunque uno quiera no se puede tener todo lo que deseamos, a veces estamos obligados a elegir, a tomar decisiones y por lo tanto a descartar cosas. El problema es que quizás muchas veces nos llegan esas elecciones sin estar completamente preparados.






No hablaré en exceso de Toy Story 3, simplemente os aconsejo que vayáis a verla. Pasaréis un rato genial y durante su duración no pensaréis en otra cosa que en lo que le sucede a Woody y compañía, una película que demuestra que el listón de la animación está muy alto, e incluso en ocasiones como esta puede superar a muchas con personajes reales. Una película llena de acción, y de algunas escenas inolvidables, como la ya nombrada del final, o aquella en la que están a punto de............ y todos se cogen de la mano con una serenidad impecable preparados hacía un final no deseado. Increíble como la simple idea de dar vida a unos muñecos puede llegar a conmover tanto, y puede regalar unas interpretaciones geniales, y como puede llegar por igual a niños y a adultos, pero de distintas maneras. Una vez más Pixar ha demostrado que se pueden hacer cosas muy grandes con la animación, ha vuelto a cautivar el corazón de pequeños, y de mayores, ha vuelto a regalarnos magia y eso para los tiempos que corren vale mucho. Solo espero que mis muñecos de goma cuando yo estaba dormido o fuera de casa, y podían acampar a sus anchas disfrutaran tanto como lo han hecho Woody y compañía desde que nacieron haya hace quince años, y nos han demostrado a través de sus tres películas. Y sobre todo que me perdonaran el día que los olvide en el ascensor, y que me echaran de menos tanto como en su momento les eche de menos. Como dice Buzz Lightyear hasta el infinito y más allá.

Saludos y gracias

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