EL JUEGO DE MENTIRAS QUE NOS GUSTABA JUGAR



Apretaba los dientes como de andamio cuando la vi, y ella llevaba igual que hoy un vestido ceñido a sus curvas sin escote alguno pero tan corto que casi mostraba toda la contundencia de sus muslos. Esos mismos que me hicieron dudar seriamente de mandarla al cuerno, pues eso para ser sinceros fue la idea original, no por nada en particular sino porque ese mismo día acababa de ser yo mandado al cuerno y necesitaba una especie de venganza, un yo también sé tocar los huevos porque sí. Recibir eres un estúpido insensible. Levantarme soltar un billete a cambio de la copas bebidas e irme borracho y con una sonrisa de gilipollas a la calle.

Bailaba y cantaba al mismo tiempo en pequeños locales que iba recorriendo de ciudad en ciudad, y lo único bueno que se me ocurre de vivir en esta gran ciudad es que pasa varios días, recorre varios locales, lleva como hoy vestidos ajustados a sus caderas y tan cortos que destapan mis deseos más sedientos. Al acabar no tiene camerino, pero nos gusta imaginar que tiene alguno, y en algún rincón que siempre los hay ocultos por los locales no nos decimos nada, simplemente después de que haya estado entre el público fumando, bebiendo y esperando, me acerco a ella y ese es el momento en que se cambia el guión y ella es la que me espera, cuando llego a su altura, me desabrocha el pantalón yo deslizo mis manos entre su corto vestido, le quito las bragas y follamos mirándonos con los ojos cerrados y abiertos.

Después antes de que se nos escape el tiempo de entre las manos y las oportunas despedidas y últimas copas del local y yo calle mi estúpida boca para no decir nada más estúpido de lo normal, llegamos hasta un sitio que tenga una cama, un cuarto de aseo, suficiente, nos desnudamos y jugamos al juego de mentiras que tanto nos gusta jugar.
Eres la única
tus muslos son los más preciosos que he visto nunca
y ella me dirá que bailo bien y soy su mejor amante

Hasta que no vuelva de gira no nos volveremos a mentir.

Saludos y gracias  

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